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martes, 15 de noviembre de 2022

"El frágil vacío entre la voz y el mundo" poemas de Ángela Acero Rodríguez


Un tango se atraviesa
en la lluvia comprimida,
se transforma en llanto,
en insomnio colectivo,
en ausencia fugitiva,
en hora que se turna
el escenario secundario

Dos partes iguales
chocan a destiempo,
en terremotos azules,
en océanos de ausencia,
todo es una tragedia
con la distancia rota...

Yo,
despliego
todos los besos,
los emancipo,
los lanzo al viento,
aunque la libertad insista
en encerrarme el alma de por vida

Me lloro un tango
mientras descubro que la lluvia
anda fugitiva,
colectiva,
pero hoy,
más que siempre,
viene comprimida

en dos partes iguales.

De Los peldaños de la inercia. Uniediciones, Bogotá, 2019.


***


Los analfabetas del beso anuncian el invierno,
la mejilla vacía de caricias,
la deportación de las sonrisas,
el ostracismo de los abrazos.
la exclusión de todos los poemas,

Los detractores del deseo
han robado mis verdades
mis canciones,
mis liturgias,
mis cobijas,
mis lloviznas,
mis tibiezas...
 
El espectro volátil se ha llenado de ausencias,
llevando en sus manos mi destino
camuflando en sus párpados
la palabra rota,
la frase luminosa
y todo lo que quedaba por decir
en el roce desvencijado de los silencios.

De Los peldaños de la inercia. Uniediciones, Bogotá, 2019.


***


EL FRÁGIL VACÍO ENTRE LA VOZ Y EL MUNDO
 
Llorar, llorar el mundo, llorar la voz
Ser el vacío que forman las lágrimas
cuando rompemos en llanto,
ser el sonido ciego entre la voz y el mundo


Desfragilizarnos,
descontracturarnos,
llorarnos,
silenciarnos…

Entre la voz y el mundo
reposa el ojo del invierno
que observa la danza del guerrero
en la llama del alma en pausa

Entre la voz y el mundo
encajamos el paisaje
soplamos en los muros de la tristeza
y escondemos nuestros miedos
entre pestañas que murmuran oraciones

Entre la voz y el mundo
queda el despojo de la tierra
la luna esperando el lobo desaparecido
la canción hecha intervalo
entre el cielo y lo que queda

Entre la voz y el mundo
hay un frágil abismo,
un deseo roto
una muerte mirándose a sí misma,
una vida de espaldas al vacío,
un bigote de gato sobre el dolor del mundo,
un aleteo herido,

una migración imposible

Entre la voz y el mundo,
hay un frágil vacío
sentado en nuestro insomnio
nos mira de frente
nos acusa de lo que somos
... y lloramos…
Lloramos el mundo,
lloramos la voz
nosotros somos el frágil vacío

entre la voz y el mundo.

De Dos días después de vos. Garcín Ediciones, Duitama, 2016.


***


QUEMA

Cuando tuvo la melancolía embriagada,
le concurrió una soledad tan sobria… 

tan sola... tan tonta,
que dejó venir los pájaros que anuncian el olvido,
y dejó salir los gestos que repujan bienvenidas,
y se empujó al deseo de un lunes que no cantaba
y demandó a los sueños que le habían roto en el ascensor

Cuando contrastó las sinuosas palabras del libro,
se dejó caer en el acorde de su viento,
se llenó el alma de invisibles abrazos
y buscó el fantasma para donarse a destiempo.

Encendió la cerilla,
en ese impulso inexplicable de querer quemarlo todo
encendió su tristeza 

y sus lágrimas se hicieron nudos
mientras atoraba las palabras 

en las cenizas del último aquelarre.

Dejó las ganas trabando la puerta,
mientras las llamas devoraban su canción de cuna
mientras se perforaban sus difuntos y fantasmas.

Encendió la cerilla en una tarde de verano
quiso romper en fuego el llanto
quemando lo soportable
haciendo trizas el deseo que no espera.

Cuando había consumido todo,
se apuntó al viaje siguiente
dejando en cenizas el nombre que había sido…

-No hubo despedida-


De Dos días después de vos. Garcín Ediciones, Duitama, 2016.


***


Deshacerse en pedacitos,
ponerlos en un plato
en forma de migas,
esconderse tras la ventana
a esperar que los pájaros vengan
y se alimenten...


Saber que a veces sabemos a pan dulce,
a galletitas viejas,
a partes diminutas de sueños,
de miedos,
de eso que somos,
de lo que no dijimos...

Darnos cuenta que justo en un día hermoso
cerramos los ojos
y caímos por casualidad
en un platito triste
que será vaciado entre aleteos inocentes
que concurren entre nosotros
mientras el silencio
permanece inmóvil
con los ojos bien abiertos,
tras la ventana.


De La Poetería. Volcán Ediciones, Bogotá, 2018.


*Ángela Acero Rodríguez. diciembre 1981, Bogotá. Filósofa. Creció con la generación de la música en cassettes, el rock alternativo y los libros para bolsillos citadinos. Tiene una fascinación por los gatos, las metáforas, los árboles y el chocolate; colecciona paisajes detenidos en postales, hace música y fotografía. Tiene cuatro publicaciones de poesía: "Manecillas en estado alterado" (2013), "Dos días después de vos" (2016), "La Poetería" (2018) y “Los peldaños de la inercia” (2019).  Coordina talleres de escritura para jóvenes y adultos. Cofundadora del Colectivo de mujeres escritoras “Conjuro poético. Ha participado en varios Festivales Nacionales e Internacionales y ha sido publicada en varias antologías de Colombia, Chile y Argentina.

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