jueves, 21 de febrero de 2019

"Una Sed de Refugio" poemas de Andrés González




MIRÍADAS DE HOJAS

Nací en Sakurai
a los pies
del monte Miwa

dicen que tengo
algún tipo
de retardo
no me importa mucho
en la escuela
contemplaba
tranquilamente
el cielo
a través de la ventana
y nadie decía nada
cuando era niño
fui con mi familia
de viaje a Asuka
vimos los túmulos
las piedras 
y el jardín de flores
del Man'yoshu

en el tren
de regreso a casa
sólo podía pensar
en flores y en poemas
en los trazos
de los caracteres 
que no sabía leer
desplegándose
como pétalos
en cada verso abriéndose
como una flor 
de mil años
y un árbol
inmenso
con miríadas de poemas como hojas

al terminar la
escuela especial
entré a trabajar allí
como jardinero 

cada día recorro
la colina
conozco 
a cada flor
por su nombre
sé de memoria
todos los poemas
que aparecen
en los carteles

en mis tiempos libres
abro mi copia 
del Man'yoshu
y leo lentamente
un poema al día
lo sostengo
primero en la boca
luego en 
los pulmones
después 
en las manos
y finalmente
en el corazón

al final del día
cuando voy 
de regreso en el tren
el cuerpo del poema florece
se abre en él
un jardín
único
extenso
como el mar 
y un sabor azul
de montañas
me sube
hasta la lengua

hay días en que
en lo alto de la colina
saco de mis bolsillos
una pequeña libreta
y un lapiz
y escribo 
poemas 
que continúan el Man'yoshu

al estar aquí
un año tras otro
y ver el paso 
de las estaciones
puedo comprender
que el Man'yoshu
no ha concluido
que como savia
sigue corriendo
yo simplemente tomo
el camino que se abre
ante mí
la senda entre los ciruelos

he podido comprender
que el espíritu 
de muchos de estos poemas
proviene 
de la voz de las flores
de la voz 
de la tierra
una voz que
es una llave
hacia la senda profunda
de las cuatro estaciones
las flores hablan
cómo nacieron
esta tierra
Yamato 
cuya corola
se expande
al tiempo que 
los sentimientos de
las personas
comienzan a encontrar
el lugar 
el tesoro de su expresión
en el corazón de las formas 
de vida
los días aquí
son placenteros
cuando vienen 
grupos de visitantes
me alegra ver su expresión
al darse cuenta 
que somos contemporáneos aún
de algo 
tan antiguo
Estas flores
quisiera decirles
tienen mil años
y han florecido
como poemas
en nuestro idioma
al hablar
al decir
el cielo
alto 
y azul
sobre
esta 
pequeña
colina
estas flores
que son el Man'yoshu
están hablando
a través
de nosotros
floreciendo
una y otra vez
una y otra vez

LAS GRANDES Y PEQUEÑAS VOCES

Lavo la loza,
la seco,
escucho lentamente
el roce de las manos,
el paño,
los platos,
las ollas,
los vasos,
los cubiertos

suena parecido
a caminar en la lluvia
a caminar en la hierba
o en la arena
suena como las nubes
caminando entre las montañas

recuerdo cuando estuve
en el templo de Ise
y vi las nubes caminar entre las montañas
pensé
que los dioses se juntaban a conversar
no sé si las nubes
eran el vapor de sus voces
o las huellas de sus pies
pero pensé que eran ellos
hablando en lo profundo de las montañas

al secar la loza 
y escuchar las voces
las pequeñas voces
de mis manos
del paño y la loza
pienso en esas grandes voces
pienso que quiero ser
una persona
común y corriente
de corazón sencillo
una pequeña brisa cálida
secando un paño de cocina
las manos que preparan comida
una servilleta
las sonrisas de quienes comparten la mesa
después de haber pensado en la muerte
después de los delirios y la confusión
pienso que quiero ser 
alguien sencillo
y arrodillarme a escuchar
maravillado
las grandes y pequeñas voces
de los dioses que se juntan a hablar
en las montañas
en las cocinas
en las mesas
y en las vidas
de quienes vivimos en la Tierra



UNA SED DE REFUGIO

Pasa
por las
pequeñas frutas
las frutillas
las murtas
las moras

hay un 
deshielo
en el pecho
y en las rodillas
las manos
alumbran
y reciben

los helechos
bajan los ríos
del cielo
durante la madrugada
el rocío
se enhebra a una lengua

las gallinas
van de un lado a otro
como si recorriesen
grandes distancias

hay un tener 
rota la lengua
y también
las murtas
el verano
las lengas
las nalcas
las pisadas
en la niebla
los cantos
que traspasan
la mañana

hay un rocío
enhebrándose a la lengua
pasa
por las
pequeñas frutas
las frutillas
las moras
las murtas

recoge
el agua
de los helechos
y los ríos

el agua
de las estrellas

hay un rocío
un cántaro plural
que recoge
los cantos
que llueven

hay un 
rocío
enhebrándose a la lengua

y una lengua de paz
que enhebran
las montañas

hay el agua
que desciende
y el agua
que brota
y entre ellas
una sed de refugio
que trabaja con su lengua


*Andrés González (Santiago de Chile, 1986) Ha publicado los libros de poesía "Gritos, sólo gritos", "Galaxias Hermafroditas" (2012, en coautoría con Yaxkin Melchy), Zodiaca (2013), Avent00ras (2017, Beca de Creación Fondo de la Cultura y el Libro). Actualmente se dedica a la investigación independiente en el territorio de la ecocrítica y la ecopoesía, y prepara los libros "Japón: diario de viaje 2016" y "Olla común".

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