Ver una entrada al azar

domingo, 8 de septiembre de 2019

"Señora con unicornio" acuarelas de Gabriela Buenrostro Solórzano


Nombre de la Obra: ¨diosa¨
Técnica: acuarela sobre papel
Medidas: 65 x 47 cm
Año de creación:2018


Nombre de la Obra:¨horizontes¨
Técnica: acuarela, lapices de colores sobre papel
Medidas: 27 x 21 cm
Año de creación:2019


Nombre de la Obra:¨señora con unicornio¨
Técnica: acuarela sobre papel
Medidas: 21 x 14 cm
Año de creación:2018


Nombre de la Obra:¨presente y futuro¨
Técnica: acuarela  y bolígrafo sobre papel
Medidas: 52 x 37  cm
Año de creación:2018


Nombre de la Obra:¨ciudad persona¨
Técnica: acuarela sobre papel
Medidas: 21 x 27 cm
Año de creación:2018


Nombre de la Obra:¨el crecer ¨
Técnica: acuarela sobre papel
Medidas: 21 x 27  cm
Año de creación:2018


*Gabriela Buenrostro Solórzano Licenciada en Artes Plásticas por la Universidad Autónoma de Baja California, actualmente cursa el taller de arte textil en Bellas Artes, Centro Cultural “El Nigromante” con la maestra y artista Patricia Robles. Ha expuesto individualmente “Memorias y sueños” en la Galería Artlalli en la Ciudad de Guanajuato (2017), exposición de pintura en el Casino de Mexicali en el evento del forjador del año (2015); “Fragmentos revelados” en La Cenaduría (2015) “Mutaciones” Día Mundial del ambiente, fundación la puerta A.C.; “Proyecto siameses” en el marco del Aniversario 111 de Mexicali (2014); “Proyecto Siameses” en Facultad de Ciencias Humanas UABC Mexicali (2013); “Tejidos Vivos” en Zona Libre Galería (2013), Muestra de obra en el 50 Aniversario de la Secundaria #13 Emiliano Zapata, ejido Oaxaca (2013); “Realidades encontradas” Centro Cultural y Biblioteca Guadalupe Victoria (2012); “La Calle del Arte” FAM Festival de Arte Mexicali A.C. (2012). Ha participado en diversas exposiciones colectivas: “Artexpo” New York; “The Kingdom of the Rose” Hungria; “Mientras la vida nos dure” Veracruz; Muestra “El árbol de la vida” Italia; “Ariadna en el laberinto” Exposición Internacional Viva el Arte, Puerto Rico; Mail Art Project "La Follia" VIIIª Cosenza, Italia;”Itifalia” Galería Ruptura, San Miguel de Allende, Guanajuato; “Paper Garden” Nueva York; “V poetry slam” Bellas Artes Centro Cultural el Nigromante, “Pop-up art” House Fashion & Photography Guanajuato entre otras.

dominio web www.gabyblacks.com

miércoles, 4 de septiembre de 2019

"Promesa y Sal" poemas de Manuela Salinas Sierra



SAL

Las palabras a veces agua otras desdichadas piedras
comparten una misma voz y pensamiento 
Son una naturaleza afligida que crece en el cuerpo de quien las cuida
He vivido poco, no comprendo
Como dejar de ser tierra para hacerme mar
Para vivir ahogada en la inmediatez del alma
Tengo miedo
Tengo tiempo
Dos angustias que cercanas desfallecen temprano.
Adivino los años que el fuego ha consumido en el bosque donde la tierra ruega por la lluvia
Y encuentro mi voz debilitada de vejez, sedienta.
Me pregunto,
¿Dejaré de ser orilla?
Suelo extenderme con calor en la arena, tenida como huella
Y en el fondo de mis noches me paseo como hierba hasta donde llega la marea.
Por instantes la sed que me acompaña se asegura de dejarme un amargor de mar en la lengua 
Pero mis palabras siguen siendo tierra,
Una tierra morena con sabor a sal.


PROMESA

Me estoy deteniendo en el filo de la 
alborada
A escuchar al gallo ser grande
A los perros quejarse 
A ver como se encrespa el cabello de mi amada
El momento de magia que me oculta ese segundo de luz virgen 
arranca de todo la ternura para volverse palabra 
Alcanza la humedad de la noche 
o la mañana que es la misma
    - Cuido de ti, mi novia inmóvil,
    siento aún sobre tus labios intacto el calor de aquel beso que te despidió hacia el sueño,
    tengo para darte mis ojos despiertos que se manchan de visiones borrosas de la vida
    Le agradezco a este desvelo ser ahora testigo del nacimiento del ruido de fondo que 
    nos castiga y no nos deja amar despacio.
    Despiertas querido cielo y puedo ver dos centellas vigilantes que me interrogan.
              - Vienes a dormir al lado mío?


XXI

Por mucho que quiera ser una decepción
desplazar el enorme mito de la nostalgia
volverme humana ante un dios sin rostro
preceder la miseria entre estos huesos de polvo
no puedo,
no quiero,
no me antoja tirarme los pelos y la piel
mudar descalza con la lengua afuera
hirviendo bajo el árbol sedienta de fuego
tengo los cueros bien puestos y atados
desde el principio de la monotonía

aplico para el temblor de la tierra
que genera impulsos tan largos como el andes
estoy disfrutando luchar contra el destino
agriarme a desmayos con las horas
equivocarme siendo una corriente huida
elevar callada y frondosa una incertidumbre
tengo los cueros bien puestos y atados
desde el principio de la monotonía

Para disculpas voy de travesía sin orgullo
tratando gritando perdiéndome el futuro
siendo un ello grande y monstruoso
la imagen atrapada en el ojo de un Mayo
es mi deber estar equivocada siendo
al fin de un alma migratoria escondida
aprovechando la temible osadía de intentarlo
tengo los cueros bien puestos y atados
desde el principio de la monotonía.

*Manuela Salinas Sierra Nació en Itagüi (Antioquia) Colombia, en 1993. Es pianista , cantante y poeta, estudiante de piano de la Universidad de Antioquia y profesora de música. Ganó el primer lugar en el segundo Slam Poetry realizado en Medellín en 2016, en el año 2019 algunos de sus poemas son publicados en la antología La jaula se ha vuelto pájaro por Fallidos editores, participa en el VI Encuentro internacional Nadaísmo en todaspartes, en el 29°  Festival internacional de poesía de Medellín y  en el VII encuentro internacional de poesía Albatros de Manizales.

martes, 3 de septiembre de 2019

Érase una vez en Hollywood: La justicia cinematográfica de Tarantino



Desde hacía un par de años se había anunciado la famosa película que el afamado director Quentin Tarantino quería realizar sobre el ya muy conocido caso de Charles Manson y su familia, después de realizar películas como Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Kill Bill, todos los cinéfilos estaban a la expectativa de un nuevo baño de sangre y estética como al que nos tiene acostumbrados cada que se lanza una de sus películas. A diferencia de sus anteriores producciones, Once Upon a Time in Hollywood, prometía un acercamiento histórico, brutal, incluso morboso, conociendo la pasión por la sangre que caracteriza su cine, y es que del acercamiento de Charles Manson, Roman Polanski y Quentin Tarantino, no puede salir otra cosa, que una de las producciones más enfermas que la historia del cine puede producir. 

Acierta ampliamente Tarantino, al incluir en su reparto a dos leyendas de Hollywood como lo son, Leonardo DiCaprio como Rick Dalton y su doble de acción, Brad Pitt como Cliff Booth, una pareja que no puede ser más que explosivamente atractiva, si se considera su tremenda trayectoria cinematográfica y el simbolismo erótico que representan estos dos grandes actores. Pero esta formula perfecta, no fue suficiente para el director de The Hateful Eight, que además, ingresa en su nómina a estrellas como Margot Robbie como Sharon Tate, actriz embarazada casada con Roman Polanski, y a Margaret Qualley como Pussycat. La grandiosa relación que logra Tarantino en esta mezcla de realidad y ficción, no puede ser más una formula perfecta, que representa a Hollywood, como Hollywood, y esta es precisamente uno de los grandes aciertos de la producción, lograr hacer una representación de Hollywood, desde Holywood. 

El reiterado posicionamiento de la película con la espectacular expresión “Fucking hippies”, es ya una lectura política, Rick Dalton y su doble Cliff Booth, representantes de Hollywood, en toda su grandeza y decadencia, nos advierten desde el inicio, el desprecio y el conflicto de las culturas, la ya muy reconocida y sobrevalorada “esto da a entender Tarantino” cultura Hippie, contra la cultura cinematográfica y su western de Bounty Law de 1958 a 1963,  es tanto el desprecio que irradia la película de Tarantino contra la cultura Hippie, que ni siquiera Cliff Booth, un personaje vividor y oportunista, no siente ni el mas mínimo deseo de coger con Pussycat ¿quién iría a prisión por una jodida Hippie? 

Lo que parecía ser el elemento central o por lo menos más atractivo de la película, (esto parecía antes de su lanzamiento) por las matanzas que la Familia Manson, había cometido contra la actriz Sharon Tate y sus acompañantes; la “Mente Maestra” detrás de todo el macabro Plan, el temido y psicópata Charles Manson, no aparece sino como una simple anécdota en el rodaje de Tarantino, (para muchos quizás fue un timo al pensar que la película trataría sobre el famoso criminal) un desfigurado Charles Manson o quizás humanizado, ya que es un personaje que sólo cobra importancia por el cubrimiento mediático, no tendría gran trascendencia en el filme, Tarantino no le concedería este honor, y pasa así, sin más, como una simple anécdota en el mundo Hollywoodense.

Al igual que en películas como Inglourious Basterds, Tarantino hace alusión a una especie de justicia o venganza cinematográfica, el extermino masivo contra los nazis, de la forma más cruel y despiadada que el cine puede producir, en Once Upon a Time in Hollywood, encontramos de nuevo la venganza, en donde la temible Familia Manson, aparece como una simple caricatura, que por supuesto tendrá su merecido, y su cuota de tortura, y es que Tarantino parece decir los “Fucking hippies” nos deben una, y aquí saldaremos cuentas, justo en este momento, es donde aparece quizás los elementos más reconocidos y esperados de su cine, logrando transmitir al público, que el cine puede hacer justicia por sus propias manos, y que la participación de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt) valen su peso en oro. ¡Tarantino ha vuelto, su cine sabe cobrar venganzas!


El apache

lunes, 2 de septiembre de 2019

"Paralelos de la autodestrucción" poemas de Cristian Leyva



I
Soy dueño de un modesto vicio
Que se confunde a si mismo
Entre la vergüenza pobre
Y la complacencia netamente
Humana.
Ahora,
El ideal es un gatillo que reposa
Rehusándose a ceder
O
Tan sólo
Le ha magullado la prisa,
En el columpio del tiempo
O
Tan sólo
Soy YO
El que se está  q u e b r a n d o
Al desvestir sus deseos
Y dejarse caer
En sus propias
Brazas

II
Los altercados de mi sombra
Son coágulos de sangre
Que sorben el rojo
De la mancha de mantel
Donde están servidos
Pasados corruptibles
Y
Un transitar
Por el subconsciente,
El tiritar de la hora
Que besa la doble dirección
De un pasaje inconcluso
De un sueño
Una palabra espesa
Que pierde
Sus letr…

III
Coroné a mis demonios
Y a su testarudez
Cada uno tiene un trono
De tinta
Y cada uno toma su turno
Para gobernar
Cada uno toma sus especias
En un puñado que celan
Para arrojarlo
Al pozo donde nace
El carácter mío
El pozo del que a veces
Bebo
Y me intoxico.

IV
Desperdicio mis motivos
Desperdicio las dosis no prescritas
Desperdicio sesiones
Desperdicio los poros agrietados de tacto
Desperdicio cansancios
Desperdicio el preludio de saliva
Desperdicio oxígeno de mis células
Desperdicio el exterior que nos desconoce
Y la muerte que nos espía y nos sopla las espinas
Desperdicio la nostalgia tibia que no cabe en ningún agujero
Y el clamor del vicio orgánico en un culto olvidado
De sangre y cenizas

V
No estoy para perder la estación de las partidas
Sin pretender tomar una siesta de dos décadas
Perdido en una vocación incompleta
Dando tumbos al vacío de las pupilas
Cuando soy otro cliente vulgar
Escupiendo en el suelo de las frustraciones
Sacrificando el honor por un poco de confort
El éxito de una comida caliente y la expectativa
Yo también he tenido un trabajo detestable
Con marcos de poses
Y sonrisas hipócritas al medio día
Ustedes han tenido
Pretextos inmaculados
Y toda esa mediocridad que les pesa en la cara
Cuando envejecen a doble de velocidad
Y se auto recetan como remedio
Masturbación sin entusiasmo
Esnobismo
Distracción a la perfidia
Una fotografía en un parque publico
Mostrando la sonrisa cansada
Bajo un árbol que gotea
Aburrimiento
Rutina
Una ruta de copy paste y de poemas tontarrones
Muy leídos
Y olvidados con la misma velocidad
En los que un viejo ocioso abusa de la tecla
Enter.


*Cristian Felipe Leyva Meneses. Nacido en Armenia, Quindío, 1997. Poeta, músico, compositor y andariego. Actual Estudiante del programa de diplomado en música del Instituto de Bellas artes Adscrito a la Universidad del Quindío; Ha difundido su trabajo literario en diversas revistas y en recitales gestionados con colectivos artísticos independientes en varias ciudades Colombianas
Publicado en la Antología oficial del IV concurso internacional de microrelatos “Porciones del Alma“, su cuento ” cualquier día” es publicado en la revista literaria Telescopio, ganándose el octavo puesto entre las diez entradas más leídas de todo 2018; Otra colaboración más le es publicada en la edición de diciembre de La revista Extrañas Noches literatura visceral, a mediados de ese mes recibe un diploma especial por parte de la organización del Certamen internacional de memoria de Poesía María Pilar Escalera. En febrero de 2019 es publicado en la antología del II Concurso de Microrrelatos “Academia para escritores“con su relato “Brindis por el ausente” y por la revista americana de escritores hispanos Seattle Escribe con sus poemas "Renglones bajo cadenas".

domingo, 1 de septiembre de 2019

"El Pago" cuento de Tatiana Villamizar Pérez


El pago

Era diciembre, una época en la que sentía tal agotamiento y cansancio que incluso mi cuerpo empezaba a desfallecer. Era el tedio, que venía acompañado de una época en la que sentía que cada una de las actividades que realizaba cotidianamente no tenía sentido, porque con ellas no podía vislumbrar ni un rastro de felicidad. Hasta el momento nada me había logrado conmover y mucho menos llenar un vacío que era cada vez más evidente en mí. Por eso tomé una decisión apresurada, estaba de vacaciones y visitar a mi familia significaba para mí pasar una temporada en el infierno, así que pensé en un lugar tranquilo que pudiera mitigar el tedio y devolverme un poco de la calma que siempre he anhelado tener. En unos días me encontré en un bus que se alejaba de la ciudad y me llevaría a una rústica casa en las montañas. Conocí a Camilo en un paseo a unas cabañas, era el hermano de la amiga de una prima. Después de unas cuantas conversaciones y averiguaciones, logré hacerme una imagen de él, un hombre entrado en los treinta, aficionado a los discursos ideológicos y había hecho parte, al igual que yo, de un grupo de monjes budistas. Se podría decir que él acostumbraba una vida solitaria, como si quisiera estar en el exilio. Su imagen resultaba curiosa, daba de qué hablar, era alto y delgado, propio de las fisiologías que tienden a las emociones intensas como la ira y la melancolía, tenía el cabello largo y una larga barba que lejos de darle un aspecto varonil resulta darle un aspecto triste y cómico, me pareció un personaje interesante. Su silueta era triste y sus movimientos se mantenían en un vaivén que oscilaba entre la suprema fortaleza y debilidad. Decidí irme a quedar un mes con él porque no soportaba un día más en ese pequeño apartamento en el que me permitía vivir. Durante dos semanas volví a los hábitos vegetarianos y sostuve conversaciones de historia y política, me gustaban esas charlas, aunque no me quitaba de la cabeza que esas conversaciones no cambiaban el mundo como deseábamos. 

Desde joven tuve una afición no propia de una mujer de mi clase, o mejor dicho algo no propio de una mujer, no negaré que siempre me gustaron las emociones intensas, así que no era de extrañar que deseara aprender a disparar un arma. De alguna manera, la conversación se desvío hasta llegar al tema, Camilo me dijo que  había servido al ejército en su tiempo y además había sido guardaespaldas, no me sorprendió el dato, porque adivinaba que a él, al igual que a mí,  le atraían las armas. En mi caso, me había sido imposible acceder a un arma, y menos en una familia y en una sociedad tan conservadora como en la que me crié. Hablar de armas planteaba otra cuestión, el matar a otro ser humano. Camilo había matado a cinco personas. Que me dijera eso me aclaró porque había preferido quedarse solo en las montañas, esa era la condena que había juzgado justa para su crimen, era su consecuencia. Como él tenía un arma para defenderse estando solo en el campo, le pedí que me enseñara a disparar, no le fue fácil negarse y más tratándose de una mujer como yo. 

Salimos a campo abierto a disparar los lunes, jueves y sábados de tres a cinco de la tarde, hora en la que podíamos dedicarnos a otras actividades que no fueran rezos y tediosas conversaciones. Camilo era muy hábil, no fallaba un solo disparo. Yo, estaba apenas aprendiendo a tener la fuerza necesaria para empuñar el arma y mi puntería dejaba mucho que desear. En esa semana de prácticas ya habíamos acabado casi todas las balas, fuimos al pueblo a comprar víveres, velas y nos las ingeniamos para conseguir más balas, Camilo terminó por entrar solo a comprar ese último encargo y me dijo que no me preocupara que solo se había encontrado con un señor ya viejo que también compraba balas para escopeta. No negaré que ambos estábamos emocionados con esa actividad que habíamos incorporado. Para mí disparar se había convertido en un pasatiempo que me daba el poder que había estado buscando y mi puntería había mejorado en gran medida. En ese tiempo Camilo me pareció un hombre mucho más enigmático de lo que pensé, tanta puntería no podía ser gratuita y que se hallara justo ahí en la mitad de la nada resultaba todavía más extraño. Yo también estaba algo loca, no por nada se resulta con un desconocido, en un lugar desolado, llevando prácticas budistas y aprendiendo a disparar. 

Los días deparan las sorpresas que poco a poco vamos construyendo. Ese era un jueves de diciembre que no olvidaría. Serían alrededor de las tres y media, y yo me las había ingeniado para convencer a Camilo de salir a caminar y encontrar un mejor sitio para disparar. Encontramos un sitio tranquilo,  yo apuntaba a los troncos de los árboles y nadie sospechaba una suerte tan absurda como la mía cuando una de las balas dio contra lo que era una casa de paredes de barro. Juró que no vi esa casa ni él tampoco, la maleza cubría casi por completo ese pequeño hogar y mi visión nunca ha sido de mis fuertes. Como era una casa que creímos abandonada fuimos a inspeccionar. La casa no tenía puerta, solo había una cortina deshecha por los animales y el paso del tiempo. Vomite al ver el cadáver, era un hombre, ya casi un anciano, no me atreví a verlo de cerca, porque dar esos pasos me hubiera costado más de lo que podía dar en ese mismo instante. Camilo sí avanzó, corroboró que el hombre estaba muerto. Quise saber si era la bala que disparé la que lo había matado, él dijo que no era así. Yo sabía que me había mentido. Pregunté si habría alguien más en ese lugar tan pobre, por la cantidad de platos en la mesa de tabla concluí que no. Habría sido más difícil cargar con el peso de unos niños vivos o de un perro abandonado que con el mismo muerto. Camilo me sacó de la casa e hizo que volviéramos rápido, durante todo el camino no dije nada y él solo dijo “No lo has matado, ese hombre ya estaba muerto”. Asentí con la cabeza y fue todo lo que se escuchó por el resto de día. No fui capaz de comer, no dormí y tampoco recé, menos hice los ejercicios matutinos. Había terminado para mí. El viernes regresé a mi apartamento. El sábado en las noticias se dijo que se había encontrado el cadáver de un hombre en una casa abandonada, al parecer había intentado envenenarse y había terminado por dispararse. Así se quedó para el mundo, como una noticia en la que la vida de ese hombre se reducía a menos de un minuto de la emisión, yo quería saber, averiguar y gritar que así hubiera querido matarse yo podía ser su asesina, pero no lo hice, callé. 

La verdad es que de hablar nadie me hubiera creído, porque era impensable que yo, una muchacha de ciudad, educada y criada en una familia decente hubiera estado perdida por unas semanas en el campo, con un desconocido que tenía un arma y que la enseñaba a disparar; era una historia descabellada, sincera, verdadera y sin embargo, increíble para los demás. El hecho era uno, había un hombre muerto, sin familia y sin más, nadie lo buscaría, nadie reclamaría ni lloraría su muerte, solo yo estaba condenada a seguir pensando en él hasta el día en que cesará mi existencia, ese era el pago al que estaba dispuesta por ese hombre. Mi padre me había contado años atrás que la esposa del farmacéutico, al que yo iba cuando niña, había matado a un señor porque sabía que su esposo también atendía a los de la guerrilla. El procedimiento había sido simple y lo peor de todo consensuado, antes de que el hombre muriera su esposa ya sabía que él moriría. Este desafortunado hombre que sabía más de lo que debía y hablaba más de lo que convenía enfermó y su esposa lo llevó donde la enfermera, que era la esposa del farmacéutico, ella le aplicó una inyección, al día siguiente el hombre estaba muerto, a la semana la esposa estaba estrenando apartamento, había recibido el pago. A mí esa historia, a pesar de ser cercana, me resulta ajena, excepto porque dentro de mi cabeza para mitigar la culpa creí que también yo debía pagar. El hombre a quien yo había disparado no tenía esposa ni hijos, así que de manera harto pragmática decidí mi pago, él había dado su vida y yo la mía, después de todo es más difícil vivir con el peso de otra muerte que cargar con el peso de la propia existencia. 


*Tatiana Villamizar Pérez (Bucaramanga, Santander) Actualmente tiene veintiún años. Siente una gran pasión por todo lo que comprende el arte, entre ellos la pintura y la escritura, ya que considera que son vehículos nobles de expresión del alma. Es por ello, que se dedico a escribir o a pintar en sus tiempos libres. De su región destaca la belleza de sus montañas y su naturaleza que nos invita a soñar y a pintar mundos de colores. Ve en ella alguien que centra su visión en aquello que cree lleno de vitalidad, en lo que nutre el alma.