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martes, 6 de abril de 2010

Dominatrix de un fáunico delirio

No se que mirar, si la mano que sostiene el látigo o los ojos que flagelan:

Cada golpe abre la puerta para una pequeña muerte,

El mórbido palacio de la seducción encierra…

Una lujuriosa cohorte de sátiros y bacantes bañada en las mas enfermas pasiones;

Hirviente carne cociéndose en un mar de semen, sangre, sudor y lágrimas.

Olas de lava golpean el trono de la reina en el salón de las delicias

Y mientras observa complacida el copular frenético de sus esclavos

Bañándose en el cálido producto de sus cuerpos,

Mientras bebe el licor manante de esta orgia, el licor bacanal, el del Dionisos alabado,

Masturba excitada su puñal en el sanguinolento ano del primer esclavo

Cuyo cabello se le enredo en las garras para lavarse los pies con esa sangre

Todas las lenguas del mundo le pertenecen esos pies sacrosantos

Que únicamente han pisado suelo maldito,

¡Por que todo lo que ella pisa queda consagrado a Asmodeus!

Al final de su orgasmo, la reina se abandona al brazo de Baco y le entrega todas sus oraciones.

Reina mía azótame con el despiadado látigo de tu lujuria y lámeme con su fuego abrazador.

viernes, 2 de abril de 2010

Muerte de un guerrillero

Érase una vez en los años ochenta


La nostalgia que me había producido el irme del lado de mi amada,

con la promesa de un ¡volveré!;

en cuyo vientre crecía nuestra pequeña esperanza,

el fruto más exquisito de nuestro amor.


Fui buscando defender mis ideales

y los de mis compañeros;

El sueño de un país mejor

para nuestros hijos y para nosotros.


Llevaba con migo la esperanza y el deseo

de conocer a mi pequeño retoño;

Pero una luz segadora truncó mis sueños

y caí abrazado a nuestra madre tierra;

Con la única alegría

del saber que mi pequeña había llegado a este mundo hace trece días,

a hacerle compañía a su madre

que pasaría mucho tiempo sola y desamparada.


ADIOS MIS TESOROS


En La Trágica Noche

Todos despertaron excepto Juan el centinela, estaba dormido en su lecho manchado por el color de la sangre; a sus compañeros apenas les dio tiempo de reaccionar ante el cruel ataque del que estaban siendo víctimas, uno de sus compañeros entre llantos y disparos trataba de salvarle inútilmente ya que Juan recibió una herida mortal que abría su vientre como el cráter de un volcán; luego de unas horas de intenso combate los soldados perdieron la esperanza de cualquier tipo de apoyo volviéndoseles esto un dilema entre el morir y el sobrevivir; poco a poco fueron cayendo cada uno de los soldados quedándoles a los sobrevivientes tomar una difícil decisión: Entregarse o morir en la lucha.


De aquel lugar solo quedaron los escombros de lo que fue un brutal ataque hacia los defensores de nuestra patria, en este ambiente se notaba la crueldad de la muerte que habría de ser calificada como uno de los peores genocidios cometidos en la historia de la raza humana. Cuando llegaron a realizar la triste tarea de recoger las víctimas se encontraron a sus hermanos coloreados por el pincel de la muerte, la muerte de Juan fue una de las más tristes ya que lo mataron a mansalva y sin darle tiempo de defenderse; todos los muertos fueron recogidos en las oscuras bolsas negras esperando algún día tener una buena sepultura cerca de sus familias, ya que habían dejado en esta un gran vacío que no podría ser llenado por la remuneración a la que sus familias tenían derecho.


A la luz del día quedó soledad, destrucción y penumbra, y en cada una de sus familias quedó una profunda tristeza que jamás aunque pase el tiempo será borrada de sus corazones; ojala la ley humana algún día haga justicia para que la ley divina limpie los corazones de cada una de las personas

afectadas por esta horrible tragedia.


A los soldados del Caguán