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miércoles, 20 de marzo de 2024

"Altares" poemas de Víctor Raúl Jaramillo


SAFO

De Lesbos, para quien no lo sabe. De Lesbos entre carnes del mismo sexo que jugaron a lamer y a leer y a libar. A escribir, a cantar y a dormir. Amada en medio del bosque, junto al mar, ante su fino rostro de cerámica. La décima Musa. Amada con deseo y una inquietante amargura. Escritura de alas al borde del acantilado.

***

ALEJANDRA PIZARNIK

Aún está abierta la herida. Ella escribió en algún lugar que no podría vivir sin el perdón del agua. La herida era una entraña abierta de donde manaban palabras. Cazó el tiempo sin necesidad, lo burló, cayó dentro. Sembró árboles cuyos frutos dejaron una raíz maldita en su memoria. No había más para ella que palabras. Palabras y un agua que caía y al caer se quebraba en el silencio de sus ojos. Nadie ha de unir lo que se ha roto en ella. Jamás son los pedazos una firme porcelana ni un poema una flor en el jardín. Esa pequeña niña nos habló y dejó abierto el corazón de una tierra negra porque no es muda la muerte.

Soy yo, Alejandra.

***

KAWÉSQAR 

Soy una mujer Kawésqar, digo lo que sé, lo que el océano me ha contado: del cuarzo líquido que nos daba alimento y luz y sueño llegaron los cazadores de indios a robarnos los testículos y los senos de los abuelos y abuelas y a cortar las orejas de los niños y niñas que cambiaban por dinero. Ocurrió que un amplio desierto se tragó el agua y borró la música del origen. Chile se fue secando y se hizo triste y la sal fue muerte negra en el alma. Un Chile distinto. Una historia perdida en los mares del sur. A siglos de distancia.

***

Víctor Raúl Jaramillo. Colombia, 1966. PhD en Filosofía. Fundador del grupo de ultrametal ReencarnacióN, con el que lleva 37 años activo. Creador de un Consultorio Filosófico —primero de su clase en el país— donde interactuó con personas interesadas en su propuesta entre 1994 y 2015. Ha participado en varias antologías, entre ellas: Poésie colombienne du XXI siècle, PlexoAmérica, Entra-Mar y Obra abierta. Dirige un proyecto editorial de lectura gratuita en la Web: Libre Acceso Ediciones. Ha publicado más de una veintena de libros entre poemas, ensayos, aforismos y relatos. Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés y al francés. Los poemas aquí publicados, pertenecen a su reciente libro: ALTARES, editado por Sképsi, del Grupo Editorial Ibáñez, en 2024. Vive en Medellín.

miércoles, 27 de abril de 2022

"Del sentido escaso y otras ciencias" poema-ensayo de Víctor Raúl Jaramillo

Fotografía: Gruk Álvarez

El sentido común 
es difícil de encontrar
pese a su nominación. 

Debería llamarse, 
no “sentido común”, 
sino el “sentido escaso”. 

Quizá eso le dé posibilidades 
a nuestro hallazgo. 

Irse por donde nadie (antes) se animó, 
no quiere decir 
que tomar caminos impensados 
sea una herramienta 
para comprobar el paso del tiempo,
la manera en que un animal incompleto
alcanza la cima de la montaña.

Un cuenco de cerámica 
no siempre comprueba
las ventajas de levantar tierra
y permitir que los muertos 
vuelvan a sus nombres. 

Es más la afirmación 
de un impulso 
que está ligado al destello 
y que probablemente 
nada tiene que ver con la fe. 

Pues la “fe”
—ese motor de lejanías
que inspira a personas silenciosas— 
no determina que un avance científico 
o su demostración 
esté en el marco de la espiritualidad. 

Una cosa es la filiación religiosa, 
y otra la inteligencia 
de quien “descubre” los misterios del cosmos.

Así abrimos puertas
que antes hemos cerrado.

Tal vez abriendo puertas nacientes.

De tal modo
la naturaleza es cercana
pese a nuestra impuesta sospecha. 

El sentido escaso
nos lleva por caminos
poco comunes que otros llaman:
“el lugar de la intuición”.

Ir sin brújula
por extrañas geografías
que no están determinadas 
por el cálculo,
sino por un aguijón
que pica y pica 
y del cual ignoramos su porqué,
es lo que otros quieren evitar.

El sentido escaso
es un llamado que algunos
necesitan y liberan
para alcanzar la bravura
de ir en contra de los presupuestos dados,
de encontrarse con límites que abrirían fuentes
donde podrá beber el porvenir.

El conocimiento
no es estar sentados en una teoría,
ni mucho menos.

Es ir a tropezones
revelando y dando forma
a la arcilla que en nuestras manos
ofrece respuestas habituales,
señales cambiantes.

Resonancias del paso a paso
por los acontecimientos
que inauguran mundos
en la reincidencia de la voz.

Somos falibles
como el conocimiento lo es.

Para llegar a una temporal seguridad
no necesitamos métodos estrictos
ni de una mirada concluyente.

¿Suena absurdo?

Basta con caminar
y aguzar la piel que el agua roza
entre conceptos ciegos.

Una barca se hundirá al primer golpe de olas
para obligar al nado
en busca de una playa inhabitada.

Allí levantaremos una casa.

Quienes bucean en dudas
y aproximaciones, lo saben.


VÍCTOR RAÚL JARAMILLO
Del libro inédito: INCRUSTACIONES EN EL AGUA

           
*Víctor Raúl Jaramillo, PhD en Filosofía, poeta, ensayista y narrador. Tiene una veintena de libros en su haber. Es vocalista de la banda de UltraMetal ReencarnacióN, con la que lleva más de 35 años activo. Vive en Medellín.

viernes, 4 de septiembre de 2020

¿Qué es la poesía? Poemas de Víctor Raúl Jaramillo



Entró el poema
como una niña
a punto de parir

No creo que mi poesía sea una “dialéctica”. Es más una manera íntima de relacionarme con el mundo, de acentuar las situaciones en que me he visto involucrado, quizá una especie de quietud. Las variadas manifestaciones de lo que acontece exigen testimonio, generar cambios cuando lo que sucede no nos ofrece algún tipo de alegría, cuando no satisface nuestra búsqueda del gozo y nos deja en la penuria, rodeados de una tensión fatigosa. Es allí donde la poesía es válida, sea de la forma que sea. La única intención de mi escritura poética es mostrar lo que soy y lo que a bien parece que es esta existencia desproporcionada. En ningún momento como objeto, sí como mirada. En ella hace ronda y canta el lenguaje, lo vivido y lo anhelado, lo que está presente en los hechos y lo que hemos erigido con nuestra voluntad de crear: demonios, dioses y diosas, presencias y fantasmagorías, metáforas que en algunas ocasiones nos impiden vivir. Mi actuación con el poema es como con el sueño, en pocas palabras, la actividad de una persona que cree -aunque creer sea no distinguir-, que a pesar de que el amor no exista, nos podemos amar. Y hago la pregunta: ¿acaso no es esta la gran maravilla que nos puede dar la poesía?


La obra poética, narrativa, ensayística y filosófica de Víctor Raúl Jaramillo constituye en los últimos veinte años uno de los referentes más interesantes y significativos de nuestra literatura antioqueña y, en particular, de Medellín. Así lo demuestran la originalidad de su estilo, la fuerza expresiva de su lenguaje, la singularidad de su visión conceptual y el enfoque riguroso de su trabajo en un medio donde, regularmente, no es fácil encontrar reunidas en un escritor tales virtudes. (…) Poesía y pensamiento nunca fueron para Víctor una contradicción o una dicotomía insoluble como en algún momento llegó a creerse. Por fortuna las nuevas teorías del universo, el arte, las ciencias sociales y experimentales hacen cada vez más visible esa unidad primordial de la que, justamente, nos han hablado siempre los poetas.

La opinión de Pedro Arturo Estrada sobre su obra.

**

Permaneciendo en los signos
o en la melancolía,
habitamos esa conquista
que será olvidada.
Llave o camino
descifrarán los pasos ausentes.
Otras voces iluminarán la estancia,
otros ojos
que nadie podrá ver.
Al fin y al cabo
las horas que atesoramos
serán un oro perdido
que otros creen de los bolsillos.

**

Todo existirá mientras vivamos.
Cuando cerremos la puerta,
todo se irá con nosotros.
Menos aquello
que dejamos en el nombrar.
Aferramos el tiempo,
pero nos detiene
su cruel designio.
Tiempo arquitecto,
Tiempo fundante
paso a paso
de nuestra voluntad,
que después de la palabra
sólo asegura el silencio.


Columnas de fuego donde se purifica el agua

Acunados los antílopes
por la garra del tigre.
Quizá así tus muslos
y mi boca que te nombra.
Dos versiones de la furia,
gemelos que alguna vez estuvieron juntos.
Ahora ríos en otro paisaje.
Columnas de fuego
donde se purifica el agua.
Ven y atiende esta barca,
ven y consuela esta noche extrema.
Caída en el tiempo tu ausencia.
Desplomada bestia que implora salud.
No más que citar la ilusoria esperanza.
Acaso la vuelta a un primer abrazo.
Tal vez el día sea otro vacío
que el sol alumbra.
Y la nostalgia una manera más calcárea
de reconocer el paso con las monedas en los ojos.
Quizá el tiempo que imploro
no sea más que una nada
que da forma a los cuerpos.
Y la voz una forma de olvido.


Carta con cien pájaros

Soy luna, vacío.
Entro, tenue viento,
silencioso margen de luz.
A tu hora busco norte,
quebrada primavera, voz imperiosa.
De ti la rosa que también muere.
Asómate al límite,
dirige tu ojo, mediodía.
Salto o fuerza, navío,
ruta, fantasma del tiempo.
Todo concluye, mano, amor,
brisa truco del sur.
Ave vuela, aullido anuncia.
Tu pelo simula cascadas de jade.
Es otra mañana,
el canto brota,
veta, mirada danzando al llamado.
Qué decir de tu sonrisa,
qué de tu cadera amarilla.
atrás, del lado de la sangre,
turbión, ancla tejida vigorosa.
Hoy en tu pecho,
leche, conquista del mar.
Otro juego impera,
susurro a tu oído.
Lluvia, licor de miércoles.
Una veleta te nombra,
quizá el camino sea fiel.
Mas no dejes al viento tu acto.
Descansa ahora,
arremete al alba.
No es tarde para el beso.


Para volver al mar

En otro tiempo,
oleaje, marea alta.
En tu mano, ahora,
sólida roca,
arrecife y cardumen.
Tu voz es viento suficiente
para existir.
Tu espalda un lirio,
un ramillete de camelias.
Pronto volverás al mar,
en mi barca
tu cadera estará bailando.
Ahora te meces
con mi acto amoroso
de decirte “sí”.
Cómo esperar más,
si tu aliento,
semilla agreste,
me canta y me acuesta.
No es que no estés.
Estás y te llevo
como el sol
de una ciudad
alta y fija.
El movimiento de tu cintura
es estación amapola,
palmera feliz de potro.
Desnúdame otra vez,
mójame,
liviana menta y ley.
Iremos al mar,
no porque esté lejos,
sino a reconocer nuestra sal.
Eres cielo en mis oídos,
como un dios que vibra
entrada la noche.
Diálogo mudo,
mutado silencio en rayo.
Un tigre te habita.
Un águila nos lleva.
Aquél delfín vuelve rozando.
Mírame como anoche.
Ese beso primero no ha acabado.
Destino es piedra labrada
en tu pecho.
Corazón mío que ilumina.
Acuéstate conmigo siempre,
en mi muerte
has metido la mano.


*Víctor Raúl Jaramillo: Sonsón, Colombia, 1966. Doctor en Filosofía, poeta y músico. Fundador del grupo de ultrametal ReencarnacióN, con el que lleva más de 30 años activo. Creador de un Consultorio Filosófico, primero de su clase en el país. Sus más recientes publicaciones son: Pensar la vida y la muerte y otras banalidades, Erótica como ética: manifiesto sobre el placer como deber, Creación como Mística: una criptografía de lo sagrado (ensayo); Preguntas mercuriales para un insomne incendiado (entrevistas); Trozos de materia desnuda, Cortezas de aliento, Máscaras sin coartada: 1992-1994 (poemas); y Monedas de oriente: otra manera de la filosofía como medicina (cuentos, aforismos y ensayo). Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés y al francés. Actualmente dirige un proyecto para lecturas gratuitas en la Web, llamado: Libre Acceso Ediciones. Además escribe para su micrositio Mancha negra y furia, en el magazine virtual Laterales.com, y en su blog Nexus universalis de la página Morada.co

viernes, 7 de octubre de 2016

DESPIERTO DESDE TU GRITO


(carta abierta a Medellín)





Para mi familia
y mis amigos

Siempre te he tenido miedo a pesar de mi fuerza, de mi atrevimiento, mi soñada Medellín: he ido donde tus maestros y robado su sabiduría y dado un paso adelante, pero con el convencimiento de que tus ojos me siguen y tus oídos perciben hasta mi último y más simado temblor; sólo escuchan atentos cuando se trata de fechorías, cuando se ve productivo el negocio, el momento en que se hace trastabillar la solidaridad. Es lo enseñado por ti, mi ciudad oblicua.

Al temerte me temo e identifico mi enfermedad viva y terrible, dadora de una mirada perpleja sobre tu realidad que me impide la profunda lucidez, la tranquilidad de mi pensar: un solo zumbido, un mínimo susurro y entro en el desvarío; desatino entre esto y aquello por lo que se ha confundido mi sensibilidad: tu desprecio del diferente, tu gana de discordia, tu desdeñoso asiento desde donde petrificas los ánimos y exiges obediencia a tu ley, a tu desmesura; tu balacera que oprime, anula y borra por dos o tres pesos los cantos de las generaciones; tu rezo canoso y enardecido que, después de todo, sólo cumplirá los designios de una conquista merdosa y apocalíptica.

No sé, quizá me estoy dañando a mí mismo y sea yo el que hace de tu respiración una oleada de sangre y desesperación, en el ir y venir de lo limpio a lo puerco, de la sagrado a lo demoníaco, de la luz a la sombra y al contrario que es lo mismo; porque esto que te realzo es por lo que estoy enfermo. Pero te quiero amar como eres y, tal vez, eso sea lo justo para una locura que no se comprende y se encuentra en el vaivén de un fruto que también comerán los hombres cuando, quizá, queden días por vivir vívidamente. Si es que los dejas.

Sabes que no puedo estar solo aunque lo quisiera, aunque fuese una obligación, como si evidenciara la única necesidad. Nunca lo he podido hacer. Requiero tu compañía, tu aceptación, un afecto que, en los momentos difíciles, creo perdidos y convierto en ataque. Ah, la culpa, el hacernos sentir pecadores aún, tu cristianismo carroñero que igual mató y sigue matando a su dios; que lo devoró para poder hacerlo suyo: tu doctrina nefasta y hambrienta, negadora de lo natural, de lo palpitante y del clamor que dejas de lado a costa de una felicidad que es ser libre y auténtica: cuando te ciegas y destruyes, cuando vendes tu más íntimo delirio con una violencia fratricida bañando de sangre tu piel llena de cal, de infancia adolorida vuelta andrajo y turbación, te grito: ¡te hiciste necia! ¡Quítate el antifaz!

No obstante, siento que te he defraudado. Al despertar siento cierto temor por lo sucedido, no sólo con el evento en que quise morir un poco; también por el pasado donde me hube comportado a la manera de un predicador que se agita visionando un sol insolente con su pulso luminoso y, al mismo tiempo, como asesino de tus más ocultas disposiciones para la grandeza.

Es que lo mostrado por tu deseo de subir la montaña, esconde lo más monstruoso, lo más reptílico, la mayor podredumbre: querer la trampa, llorar el dinero, anunciar el poder; ofuscar la quietud de tus hijos sedientos e inanes para dirigirte ponzoñosa, nociva, insana con y sobre ellos, y dañarles el corazón con el falso camino del éxito, de la fama, de la riqueza.

Has obviado el fracaso y la derrota, y nos privas de aprender a enfrentarlos. Nos enseñas como escalar sobre los demás y, una vez arriba, tirar pestes sobre sus viviendas; nos conduces al límite de tu absurda carrera y nos enrostras nuestras debilidades, nuestras falencias, nuestras equivocaciones y nos juzgas por ellas como si no fuésemos libres sino para ganar, para coronarnos en el triunfo.
Sí, Medellín: eres una contradictoria, una farsante, una loca de atar: piensas lo más profundo y por eso amas la vida más viva, pero elevas la contienda, la competición, la muerte del próximo y eso te hace una madre que sólo cosecha tumbas; una madre que, con brusquedad, obliga a la obstinación, a la manía, a la intransigente mentalidad de que tus hijos deben ser los mejores, los más pujantes, los más engreídos, acumulando al fin y al cabo. Los amas por lo que tienen y no por lo que son, mi desvergonzada Medellín: tú que no das puntada sin dedal, tú que eres una diosa en pañales, mi pequeña putica.

Yo te quiero, pero te acuso de odiar a tus pobres, de no tener en cuenta a los ciegos, a los sordos, a los mendigos; enalteces la limosna porque no has aprendido a regalar; dejas para tus excluidos las sobras cuando algo dejas; olvidas tus muertos y niegas tu mano asesina; untas de droga el olfato y los jóvenes se vuelven ratas; en fin, eres un niña del espectáculo, quieres que te mime el tío dólar.
Admiro tu perseverancia, tu voluntad de permanencia, tu movimiento creador, pero deploro tu guerra y tu doctrina, su círculo y su bullicio: ¡quítate el antifaz! Deja ver tu rostro profano y lleno de lepra. No me vengas con palmaditas a la espalda, no me mires con pesar para conciliar tu traición. Estoy inquieto, tus hijos están inquietos, toda la familia está inquieta: no permitas que se hunda. Al menos enséñale cómo hundirse con altura, tú, mi querida madre, mi Medellín hipócrita: tú, animalito doméstico, bestiecita que sabe a quién morder: ¡quítate el antifaz!

San Javier, 2 de abril de 2015

Víctor Raúl Jaramillo– Colombia

viernes, 13 de mayo de 2011

UNA TRAMA QUE TE NOMBRA

a manera de prólogo

Nada se entiende, porque esto no es para entender, sólo para cantar. Para seguir el ritmo quebrado e inoperante de la bestia que calcula y disfruta. La claridad de lo que se asoma al otro lado de nuestro cuerpo, es una claridad que debe ser transformada, embarruntada en el adjetivo preciso, en el verbo cabalgante de los fantasmas. Dentro de mí se libera la primera batalla, la única, la imponderable. Dentro de mí las catapultas se aquilatan y lanzan bolas de fuego a las mentes cansadas que han sido usurpadas por la literalidad de las cosas; por la realidad aclamada que los rebaños estrujan en sus bolsillos. La dinamita de mis palabras es más fuerte que doce mil guerras mundiales; más apetitosa que la jauría de las mujeres desnudas que asombran a los adolescentes. Vengan, apártense de la ya gastada canción y entonemos el himno de la fuerza, de la paciencia, de la creación. Construyamos la vertiente de los dominios del solitario, creemos nuevos dioses y habitemos la fragua y el ágora y la sinagoga que los sueños dejan en las manos de la noche. Anímense a brotar del llanto a que nos obliga la carroña putrefacta del poder, rompamos la bizantina lucha de los contrarios y pluralicemos el mundo. Los límites ya no son una manifestación de lo imposible. Los umbrales se multiplican y vivimos en ellos como si dijéramos: casa, hueco, piedra. Síganse hasta el cansancio y allí donde duele el mundo emprendan más guerras conciliadoras en sus adentros. No abandonen el camino que no es camino, sino hacedura constante, azar, vaticinio. Comulguen con el poema, brinden con la música, atesoren el baile y distribuyan el gesto. Escriban en sus noches agotadas, caminen y enciendan la virulencia con las prédicas que los sujetan. Atemoricen al bastardo, al inmisericorde, al líder que roba debajo de la mesa la comida de los perros. El mundo nos aniquila, pero nosotros somos más grandes.

Víctor Raúl Jaramillo

http://nexusuniversalis.blogspot.com/

sábado, 13 de marzo de 2010

CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD ACADÉMICA FUNLAM

Hace 11 años ingresé como profesor en esta institución. A finales del 2009 fui galardonado como mejor docente en el cumpleaños número 25 de la misma. Tengo mucho que agradecer a las personas que la conforman y que han pasado por sus instalaciones. Ante todo, el respeto que me han brindado y la tolerancia hacia un ser que quizá sea anarquista, díscolo e irresponsable.

Siempre he pensado que todo está para hablarse, para plantearse en el tercer mundo del diálogo. Que aunque hagamos parte de una institución privada donde existen las jerarquías, debemos tener un trato horizontal, debemos tener la capacidad de no imponer nuestras miradas ni nuestros objetivos sin antes conocer lo que se ha venido desarrollando a la lo largo de nuestra vida académica.

No estamos en una empresa, sino en una institución educativa que debe propender, como dice su misión, por el ser humano y su formación a todos los niveles. A veces nos quedamos cortos.

He procurado por la sana convivencia, a pesar de que uno no es confite para todos como decía mi abuela. Me gusta querer a las personas, no necesariamente que me quieran. Aunque un hombre vacío de amor es precisamente un hombre bien dotado para la guerra, para el asesinato, para el suicidio. Se puede convertir en un sociópata como el presidente.

No respeto a los hombres que muestran su condición de amo. Bastaría con poseerla. Es por esto que decidí no venir a la Funlam el viernes 12 de 2010. Mucha parafernalia para un tipo bajito que es esclavo de su propia tiranía. Que con sus trucos de lenguaje maniqueísta nos quiere engañar tanto como se engaña a sí mismo. Decidí, entonces, hacer lo que me vino en gana. Y quizá no se me comprenda, aunque considero esta, una desobediencia legítima.

¿Cómo entrar tranquilo a mi casa cuando la policía me espera para tratarme como un criminal? ¿Cómo un terrorista? ¿Cómo un mata presidentes? Las luchas son con las ideas, no con las personas. ¿No deberíamos acaso asumir el cuerpo del otro sino para el goce? ¿Hasta cuándo necesitaremos la violencia para reconocernos?

Muchas cosas me interesan. Entre lo que me interesa está la justicia, la libertad, el amor. Y quizá he cometido abusos de lenguaje. No me arrepiento. No me siento culpable. No soy cristiano. Sólo soy un hombre. Y los hombres solemos equivocarnos, hace parte de nuestra naturaleza incompleta y finita. Es nuestro proceso. Debemos corregir.

Siempre he creído en los hombres que dirigen su propia vida, sobretodo porque el camino es uno mismo. Hombres con autonomía, con una libertad responsable, con un espíritu crítico e investigativo. En ocasiones lo que falta es lo que sobra. Por eso decidí no ofrecer las clases del viernes pasado, que igual serán repuestas.

Pienso que sería bueno llevarme los estudiantes a un parque o a un museo o a una conferencia en lugar de tenerlos atados en el mismo salón con mis palabras insulsas y desproporcionadas. Necesitan otras miradas, deben ampliar su mundo. Por eso insisto en la lectura, la escritura y la conversación. Metodología esta que he venido desarrollando desde hace 16 años cuando di mi primera clase. Incluso antes, cuando encontré el mundo maravilloso de los libros en la biblioteca de mi tío Álvaro, ya muerto.

Además de esto, practico la hermenéutica como el arte de saber escuchar. Y escucho a mis estudiantes y pienso que muchas veces la teoría no es suficiente, sobre todo si no ha nacido de la práctica. Abstracciones metafísicas que rompen todo vínculo con la realidad, con la vida cotidiana. Es así que reconozco en ellos, bueno está bien, y en ellas, la posibilidad de una voluntad de crear entorpecida por nuestras imposiciones. Espero se me escuche.

Por eso les insisto en que hay que estudiar, mucho, porque es la única manera de no repetir. No me gusta que me repitan los textos. En cambio, que se apropien de ellos, que los dejen ingresar en su lenguaje para que su mundo crezca y no sean sólo sisas parce a lo bien y que tal. Porque como nos lo dijo Wittgenstein: Los límites de nuestro mundo son los límites de nuestro lenguaje.

Ya es hora, están en edad de reconocerse como posibles en la encrucijada de la existencia. Es necesario. Y termino con una última sentencia de mi puño: Para hacer algo conveniente es conveniente hacer algo.

¡Sabiduría y creación para todos!

Víctor Raúl Jaramillo
Doctor en Filosofía
Docente titular FUNLAM

http://nexusuniversalis.blogspot.com